Historia de algo extraordinario

by Sylvia Belda


El sábado me desperté pronto. Estábamos en unas casitas de madera celebrando el cumple de mi hija Anna y su amiga Laura, con 16 niños que habíamos llevado de viernes a sábado allí.

Me desvelé antes de tiempo, con un whatsapp de Manu, que estaba de guardia en la UCIP “hola guapa, ¿se te puede llamar? hay un neonato en Ciudad Real, tiene hipoxemia refractaria”. Me dice que ha quedado en volver a hablar con ellos, que no sabía si nos iba a parecer candidato para ir a por él, o si ya había cruzado ese umbral, esa delgada línea en la que lo que hacemos ha dejado de tener sentido…en la que, aunque le prestemos resistencia, la muerte ya ha ganado la batalla.

Colgamos y quedamos en hablar en un ratito… en mi cabeza todo se mezcla, las ganas que tengo siempre de ponerme en marcha para esto, de movilizar al equipo, de salir de mi círculo de confianza, de hacer algo extraordinario. Las veces que lo he hecho cuando, quizás, ya no tenía sentido… aunque qué fácil es juzgarlo después. También ha habido veces que he escuchado que no eran candidatos niños que ahora están vivos, que están bien.

Intento que mis emociones no tiñan mi capacidad de decisión, pero soy consciente también que han sido siempre mis emociones las que me han llevado, las que me han hecho fuerte, en ocasiones, las que me han hecho mantener mi empeño, poner ganas, a veces, ganas descomunales.

Uno de los mayores privilegios que tengo, es trabajar con los que hacemos el transporte en ECMO. Me siento muy segura con ellos, sé que cualquier problema, será compartido, cada uno sabe hacer su función, pero cada uno cuida de los demás.

Compartimos algo especial, es mucho más que el trabajo. Salimos fuera, da igual que sea sábado o festivo, no importa la hora, con el objetivo de que un niño tenga todas las oportunidades posibles. En todos estos transportes, jamás una mala palabra, jamás un mal gesto.

No han sido fáciles, alguno ha sido casi heroico, pero siempre el mismo espíritu… Me siento parte de un engranaje perfecto, me siento apoyada y respaldada. Me siento segura, aunque a veces cargo con una responsabilidad enorme.

La acogida en el Hospital donde se encuentra el niño siempre es muy especial. La cara de alivio y esperanza, de que algo increíble va a ocurrir en estas cuatro paredes. De que las siguientes horas, lo cambian todo.

En este caso fue muy bonito colaborar con los profesionales de Ciudad Real, trabajan muy bien, están atentos para ver qué hace falta. Han pensado en una posibilidad para Marcos que es excepcional, han sido valientes y han llamado para preguntar sin saber si, realmente, esto se llevaría a cabo. Aprendo mucho de ver cómo se trabaja de bien en centros mucho más pequeños que el mío… es una buena lección también.

Su pericia salvó a Marcos, que hoy es un niño sano de 5 años.

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